viernes, 1 de junio de 2012

Fragmento


[...]

El sargento se adelantó; desenfundó una pistola y asomándose a la ventanilla de atrás, abierta, apuntó al interior y gritó:
-¡Alto en nombre de…! ¡La puta de oros…!
La escena que se encontró fue la de dos jóvenes de distinto sexo, desnudos y apilados.  Al verle, estos se pusieron la poca ropa que tenían alrededor por encima.
-¡Salid del coche! –dijo Hernández, a lo que obedecieron sin rechistar y lo más rápido que pudieron, dejando la mitad de la ropa dentro del coche, de tal modo que él solo pudo cubrirse con una zapatilla, y ella con una camiseta que daba más a enseñar que a ocultar.
-¿Los matamos?- dijo Marcial, ignorado totalmente por el grupo.
-¡Nombre y bando!- dijo el sargento, a lo que el chico respondió asustado:
-Johnny… ¡Jonathan! Jonathan, señor, Jonathan Marzo Sierra.  ¿Nos van a matar?
Y Marcial: -¿Los matamos?
Y el sargento: -¡Que aquí no se mata a nadie! A ver, –dijo refiriéndose al joven- ¿Qué cojones hacéis aquí? Ya ha sonado el toque de queda.
Y respondió: -Verá Capitán…
-¡Sargento! –Corrigió molesto Hernández.
-Verá Sargento, mis padres pidieron permiso para un viaje este fin de semana, y como tengo la casa libre, pues aproveché para quedar con Cristina.
-¡Marta, imbécil! –dijo la chica que, de asustada, pasó a mirar con odio a Jonathan, el cual no se inmutó y siguió hablando.
-Solo lo pasábamos bien un rato…
Entonces intervino Nicolás:
-Pero si tenías la casa vacía, ¿a qué fin te vienes al coche?
Todos se quedaron callados, y el joven, pensativo, mirando al infinito y con cara de bobo respondió:
-Pues verá usted, es que yo no suelo pensar demasiado.  En el bolsillo de los pantalones tengo mi carnet.
El sargento Hernández hizo una seña a Marcial y este rebuscó entre la ropa del muchacho.  Encontró dos preservativos que guardó en su propio bolsillo y un trozo de papel doblado y arrugado con las siglas del “Conjuntoh Alelao Nacionalista Imbesil”.  Se lo dio, pues Marcial no sabía leer ya que, al igual que no bastaba una vida para que una sola persona tirase abajo a picazos una montaña, tampoco bastaba para que alguien pudiese enseñar a leer a semejante carnuzo sin cerebro.  Con eso, y con que no lo demandaba, así permanecería ya hasta el final de sus días.
-Todo en orden, tiene razón.  Poneos la ropa y volved a lo que estabais haciendo ahí dentro.
-¿Con ropa?- preguntó el chico.
-¿Lo matamos?

[...]

Fragmento
Saúl Subías.-

martes, 6 de marzo de 2012

Nada-todo

La Tiña del Tiempo

¿Buscas algo más allá de tu vida,
más allá de tu presente? ¿Más lejos
de donde alcanzan tus dedos de viejo
modelo, que venden su alma al que pida
primero ver su mañana al espejo?

Es invisible el tiempo,
como la enfermedad
a nuestros ojos ciegos;
la vida en la ciudad.

El tiempo es de la vida,
es de ella el alter ego.

Saúl Subías Rodríguez.-

martes, 14 de febrero de 2012

Al día de San Valentín

Humor de malamorados

Mi primer amor en San Valentín
era la chica más dulce y bella.
Mi corazón- de un rojo del carmín
de sus labios- fué un juguete para ella.

Sentía no haberla visto en la vida;
la fuí a ver; me llevé una decepción:
Esa página justo estaba roída.
Y grité: "¡Menuda mierda' edición!"

La segunda ya era de carne y hueso:
Ojos negros, busto de diosa celta.
Sus labios me dieron el primer beso,
con ella pagué mi primera cuenta.

Por primera vez me quité la ropa,
ellla a nada me decía que no.
Lo entendí al quitarle la suya: "¡Opa,
éste tiene más paquete que yo!"

Conocí a la tercera tras la caja
que habita dentro de mi ordenador.
Me llevó luego a punta de navaja
a una nave cerca del "Opencor".

Dos días hace que me ví en este aprieto,
la factura del hielo asciende a mil.
Este San Valentín mi único reto
es dejar de andar como Terence Hill.

Saúl.-

viernes, 13 de enero de 2012

"El Ángel Templanza"

[...]

Entonces sí que lloré, y este llanto ya no se trataba del gimoteo de un perro vagabundo al que se le ha quitado un hueso de pollo, sino del llanto más humano de todos los llantos: aquel que llora a un ser querido.  Pero ese ser querido no era mi padre, sino que era yo mismo.  Este tiempo no había pensado ni un solo momento en mí, en mi propio bienestar, sino todo lo contrario; satisfacer mis deseos era totalmente contraproducente a contribuir a sentirme mejor.  Me puse enfrente del espejo y por primera vez me sentí feliz.  En aquel momento todo se despejó, la razón volvió a mí, ya no pensaba el ser desprovisto de voluntad propia, sino el que tiene sentimientos y conciencia, y que la usa con racionalidad, en su justa medida y con el fin de alcanzar la armonía de los sentimientos.  Sabía lo que había pasado.  Un ángel.  Había pasado el ángel Templanza, y su envoltura con sus alas hacia mí se manisfestó en un simple choque en la calle, pero no bastaba con una intervención divina, pues las lecciones se aprenden de lo humano,  y fue el recuerdo humano de amor que yo sentí hacia mi padre lo que me hizo recobrar la razón.

[...]

"El Ángel Templanza" Fragmento del libro "El Coro de los Ángles y otros relatos"
Autores: Nerea Beatove, Ana Belén Gracia, Eva María Gracia, Ricardo Lampérez, Sergio Lasheras, Pablo José Martínez, Belén Remacha, Juan Soria, Saúl Subías, Adrián Trujillo, Ángel Longás Miguel.

miércoles, 11 de enero de 2012

17-XI-2011

Aprendimos a servir a las metas
de un diccionario, a tontas y a galones,
A señoras que repudian las tetas,
lo extravagario y no aprueban canciones.

Aprendimos a loar a los timbres
de las ciudades, a mover los mapas,
situar tejados, botijos y mimbres,
los industriales, volar con las capas.

Aprendimos la vida por terceras
personas mudas, voz de la razón.
Los inquisitorios quema-rameras,
quema tetudas; falta corazón.

Y olvidamos al llegar a la edad
en la que muela, hígado y pulmón cantan
de pena, confundiendo la maldad
con las pamelas que en las tumbas saltan.

Y aprendemos otra vez, ahora bien,
nosotros mismos, que la solución
se encuentra solo en un tiro en la sien,
caer al abismo, reír el paredón.

Saúl Subías

domingo, 6 de noviembre de 2011

Vergüenza

Vístete lejos corazón,

encarna la inocencia,

racimos de carbón,
 
guijarros de paciencia,

último del perdón,

enseres de Valencia,

Nueno y chaparrón,

zozobra la razón,

arqueos de impaciencia.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Al Niño de Orihuela

 

¡Adivina! Un pastor
que dice con su pluma:
-¡Barro es mi profesión!-
y alcanza con La Luna
eterna sombra, El Sol.

Dime quién eres tú.
La estrella no te alcanza
y huyes del cielo azul,
no aguantan y descansan
de ti muros y luz.

Reflejas en tu tez
-tez propia de un cautivo-
gotas de sangre y miel
y la ofreces al hijo
del astro y la pared.

Rojo es tu corazón.
Lloró entonces La Rubia
-que no desconsoló
ni a la caída de Rusia-
de desesperación.

Volaste por Jaén,
sufriste las argollas.
Cervantes de Miguel,
viejo clásico, aroma
parisino a la vez.

Más sé: Que tu ataúd
letras rebosaría.
No albergaba una cruz,
portaba tu poesía,
obra de Belcebú.

Saúl Subías.-

martes, 20 de septiembre de 2011

El jardín

Varias noches en vela
encendida de tu pelo,
fuego que acompleja
al hilo que me abandona,
que te olvida a tí y recuerda
que el "contigo" no te ama.

Arde temblando la llama,
resistiendo a mi deseo,
a mi necesidad, mojada;
y consigue desgastar
el cabecero de mi hamaca,
la dura pared de tus ojos.

Y entre miles de despojos
que florecen en tus pies
sale a la luz un lloro,
porque río, de travesía,
llega hasta el roto
de tus garras multicolores.

Y de tu campo mil dos flores
se marchitan, se marchitan
porque tú quieres que tornen
a la dicha del insatisfecho,
a la prisa del que come
del cuenco del no pasó.

Y... ¿Qué tengo que hacer yo?

viernes, 9 de septiembre de 2011

Empieza la función,
el payaso entretiene
a un niño espectador
que con cuarenta tacos
tiembla al salir el león.

Ha perdido el compás 
la trapecista bizca
que ha venido a inclinar
la torreta de pisa
del domador Adrián.

Y tú que condenaste
a tus padres a vivir
siempre contigo...

...martirio de este viaje
que les hace aguantar
a un cuarentón por hijo.


A la salida ya
la puerta de la carpa
ve cruzarse un mirar
que hace que se despierte
el dormido don Juan.


Y la casualidad
quiere que a la muchacha 
le llegue a interesar
el educado tipo,
el chico de mamá.


De avanzadilla un guiño,
de batallón las horas
dentro de un café.


La fuerza del cariño
procuró que acabasen
en la casa de él.


Y después de invitarle
a un batido del súper
con nubes de algodón 
y tras verle desnuda
un buen rato y buscar
por ahí un condón...

...irrumpía su madre
con un vaso de leche
en la habitación.

sábado, 18 de junio de 2011

Pensamiento I

El vivir en la ignorancia no te hace feliz. Sin embargo, consigue que la tristeza no te alcance. Cabe distinguir entre dos tristezas; la que nace de la ignorancia y la de la certera; que es inevitable. La primera es la indiferencia ante un acontecimiento; ese acontecimiento lleva intrínseco una verdad, pero la puerta para acceder a ella está cerrada por la llave apodada "indiferencia". Cuando traspasas esa puerta, es imposible quedarte en el conocimiento, pues la verdad te invade; quieras o no, ella te ve a tí y se hace notar, se convierte en certeza.

Entonces distingues entre mente, cuerpo y apariencia. Debes evitar que el cuerpo se convierta en mente, para guardar la apariencia. Sin embargo, el cuerpo controla a la apariencia, pero no a la mente, que es indomable.

Como escribiría Paul Auster: "Primer pensamiento sobre la tristeza y cómo combatirla, le seguirán otros más adelante." Solo que ni van a seguirle, ni soy Paul Auster, ni soy nadie.